Allí, en el corazón de los viñedos, se encuentra Cassissium, un pequeño museo dedicado exclusivamente a la grosella negra (casís). No me sorprende.
La grosella negra merece como mínimo un museo, así que por mi parte, hoy va a ser la protagonista de esta pequeña receta.
El aceite de grosella negra es un antioxidante y antiarrugas eficaz como pocos. Aporta y mantiene la elasticidad de la piel y es capaz de calmar las pieles sensibles, frágiles e irritadas con una gran dulzura. Trata además las rojeces, el eccema y las inflamaciones gracias al omega 3 que contiene.
Al aceite de grosella le hemos añadido arcilla blanca, hidrolato de grosella, cacao en polvo, bicarbonato de soda, vitamina E y aceite esencial de geranio rosado, pensando en la piel sensible, frágil, delicada y/o irritada.
Con esos ingredientes hemos fabricado una olorosa pasta que hemos amasado con nuestras manos para darle forma y elaborar estos bombones.
Sólo hay que añadirlos al agua caliente de la sauna facial, se deshacen fácilmente. Abren los poros, limpian la piel, alisan las arruguitas, huelen maravillosamente.
Y si nos apetece, también al agua del baño...
Feliz fin de semana.
ingredientes
Arcilla blanca, bicarbonato de soda, aceite de grosella negra, vitamina E, aceite esencial de geranio y cacao puro en polvo.
